sábado, 25 de agosto de 2007

Adiós y Hola

Adiós al verano. Tras un período sabático - vacacional retomo mis obligaciones blogeras con ánimos renovados.

Pasó el verano por nuestras vidas con más pena que gloria. Pena para los hosteleros, que nunca pierden ripio ni ocasión para quejarse por el mal tiempo. Si llueve, por que se mojan. Si hace viento, porque se les vuelan las terrazas. Si no nieva, porque la gente no esquía. A ver si el problema va a ser que con todo este jaleo del cambio climático el negocio de temporada se va a ir al garete, y deberemos de diversificar las ofertas turísticas de este querido país nuestro, en el que todos somos ya hijos de párroco...

La gloria nos corresponde a aquellos que consideramos el verano como la época más odiosa, incómoda y estomagante del año (salvando la excepción de las navidades, a las que dedicaré un artículo en el momento adecuado). No me molan nada las aglomeraciones, ir pegajoso todo el día por más que te duches, no poder pegar ojo en toda la noche por el calor y por los jolgorios propios de las "fiestas patronales". Tampoco me motiva que me cobren en un chiringuito pringoso dos euros por un botellín de agua, ni tener que liarme a guantazo limpio por conseguir un palmo cuadrado de terreno donde poder plantar la sombrilla.

Un verano glorioso, sin duda alguna, que está dando paso prematuramente al otoño, estación prolífica en proyectos y productiva como pocas, en la que tendemos a descubrir de nuevo el placer en las pequeñas cosas cotidianas, como sentarse a leer un buen libro frente a un ventanal mojado por la lluvia. Aún le costará morir al maldito verano, que seguro guarda para más adelante sus últimos estertores. Pero está herido de muerte, y ello me alegra en extremo.

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