Hoy me siento huérfano. Vencido. De nuevo solo en la madrugada...
Siento que mi blog se esté convirtiendo poco a poco en una necrológica continua. Pero las circunstancias me llevan a ello una vez más. Hace ya unos diez años, el que suscribe estas humildes líneas rebuscaba en el dial de una vieja radio Philips algo que llevarse al oido a la 1 de la madrugada, un Domingo por la noche como otro cualquiera. Avanzaba el otoño en mi querida Zaragoza, y yo no podía dormir, encogido entre las sábanas de mi cama. Juan José Plans, con su magnífico espacio "Sobrenatural" (que más tarde derivaría en "Historias") tuvo la culpa de que conociera a Juan Antonio Cebrián.
A la una de la mañana terminaba el bueno del Sr. Plans sus estremecedoras y magníficas narraciones, dejando a mi mente disparada en mil direcciones distintas en la oscuridad de mi humilde dormitorio, frío y acogedor a partes iguales. Generalmente, a esa hora apagaba la radio para intentar conciliar un poco el sueño. Pero una noche, de buenas a primeras, mis dedos juguetearon con la rueda del dial hasta llegar al 99.4 de la FM. La partitura de la película "El inglés que subió una colina pero bajó una montanaña" (específicamente se trataba del tema "Villagers begin building") llamó mi atención, y al poco tiempo dejó paso a una cálida voz que no dejaría de acompañarme durante estos últimos diez años, salvo por un breve lapso de tiempo en el que Onda Cero decidió cargarse al que fue, sin duda alguna, el faro que nos guió a muchos insomnes soñadores en innumerables noches repletas de misterio, épica, fantasía imaginación, compañerismo y, por encima de todo, comunicación.
La miserable parca se ha llevado a traición a un amigo, a un pionero de las ondas, un enamorado del micrófono capaz de calentar el alma más gélida con su pasión por la historia. La radio nocturna volverá a ser albergue de parásitos sociales, aquellos que no dudan en desgranar lo más nauseabundo de su mísera vida en amarillentos espacios llenos de testimonios sonrojantes.
De nuevo comienza mi búsqueda en la oscuridad de las ondas. Esperando encontrar un rayito de luz entre la penumbra en la que la desaparición de Juan Antonio nos ha dejado a muchos amantes de la comunicación con letras mayúsculas, disciplina vocacional en la que el albaceteño era todo un maestro. Quizás el último pionero.
Querido amigo José Antonio: por suerte tu voz me seguirá acompañando por los siglos de los siglos. Porque, hasta que pueda escucharte de nuevo en directo, cuento con tu legado en forma de mp3, pequeños diablillos llenos de magia que atesoraré con el propósito de que, en un tiempo futuro, puedas fomentar la pasión por la vida en una nueva generación de oyentes.
Fuerza y honor. Larga vida a La Rosa de los Vientos.
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